Fusako es una madre viuda que vive con su hijo Noboru en Yokohama. Noboru tiene trece años y es un gran aficionado a los barcos así que un día Fusako lleva a su hijo al puerto a verlos y suben a uno de ellos. Un marinero llamado Ryuji se ofrece a guiarles. La madre y el marino se gustan y le invita a su casa a cenar. El marino pasa la noche con la mujer y son espiados por Noboru que observa a través de un boquete en el armario de su habitación como hacen el amor. Acaba el fin de semana y el marino tiene que partir. Ryuji se plantea si vale la pena seguir en el mar ya que ha encontrado una mujer que le gusta y también desea tener una familia. A su regreso ya en invierno decide no volver a partir y Ryuji y Fusako terminan enamorándose y haciendo vida en común. Esto desagrada profundamente a Noboru quien pide ayuda a su grupo de amigos. Este grupo de chicos está jerarquizado y liderados por un jefe. Tienen una serie de códigos de conducta y de honor muy anticuados y no van a consentir que Noboru tenga un padre ya que para todos los demás, que si lo tienen, un padre es un símbolo de represión, de maldad y de falta de libertad.
Opinión personal: Magnifico libro y maravillosa la forma de expresarse de este japonés. Final perverso pero bastante poético. El amor, la relación entre madre e hijo, el Japón de posguerra, la muerte, el futuro y la niñez son temas que aborda con gran excelencia. Fusako cría a su hijo en un mundo occidentalizado. Los amigos de Noboru viven todavía en un mundo antigua con unas reglas estúpidas.
Nota: 8

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