El Principito habita un pequeñísimo asteroide, que comparte con una flor
caprichosa y tres volcanes. Pero tiene "problemas" con la flor y
empieza a experimentar la soledad. Hasta que decide abandonar el planeta
en busca de un amigo. Buscando esa amistad recorre varios planetas,
habitados sucesivamente por un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre
de negocios, un farolero, un geógrafo... El concepto de "seriedad" que
tienen estas "personas mayores" le deja perplejo y confuso. Prosiguiendo
su búsqueda llega al planeta Tierra, pero, en su enorme extensión y
vaciedad, siente más que nunca la soledad. Una serpiente le da su
versión pesimista sobre los hombres y lo poco que se puede esperar de
ellos. Tampoco el zorro contribuye a mejorar su opinión, pero en cambio
le enseña el modo de hacerse amigos: hay que crear lazos, hay que
dejarse "domesticar". Y al final le regala su secreto: "Sólo se ve bien
con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos". De pronto el
Principito se da cuenta de que su flor le ha "domesticado" y decide
regresar a su planeta valiéndose de los medios expeditivos que le ofrece
la serpiente. Y es entonces cuando entra en contacto con el aviador,
también el hombre habrá encontrado un amigo.
Opinión personal: Se muestran en forma sencilla los valores más arraigados y esenciales
del ser humano: solidaridad, bondad, entereza, tenacidad, compañerismo y
entusiasmo por el conocimiento. Un cuento para adultos, de enorme carga simbólica. El autor defiende la sabiduría de los niños como algo que sirve para
guiarse en la vida adulta, pero que irremediablemente se pierde con la
edad. Los adultos son serios, no saben disfrutar porque no saben qué es
lo verdaderamente importante
NOTA: 7

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