Juan Salvador es una gaviota poco convencional. Su meta en la vida no es comer y dormir como las demás gaviotas sino pasar el tiempo intentando volar cada vez a más velocidad y haciendo piruetas y acrobacias imposibles en el aire. Un día tuvo un percance y se estrelló con el mar. Estaba tan dolorido que se prometió a sí mismo ser como las demás gaviotas pero sus ganas de superación eran tan grandes que rompió enseguida esa promesa y ya de noche, intentó volar a 700 metros de altura y caer en picado. El Consejo de la Bandada a la que pertenecía decidió expulsarle, ya que había incumplido una de las reglas fundamentales: no volar de noche. Exiliado, topó con dos gaviotas que le conducieron a una playa dónde había gaviotas distintas, también exiliados como él. Aquí conoce a Rafael, una gaviota que será su instructor de la cual aprenderá técnicas asombrosas de vuelo. Y luego aprenderá de Chiang, la gaviota mayor, capaz de desaparecer a aparecer en otro lugar en un instante. Este le enseña que alcanzar el cielo es alcanzar la perfección.
Opinión personal: Relato corto y bastante ameno. El autor nos transmite la idea de que alcanzar tus metas es posible gracias al esfuerzo y la persistencia. Y que es muy importante para el desarrollo personal el abandonar a las personas de tu alrededor que no te aportan nada, que sean tóxicas o vivan en la rutina. Viviendo con gente más sabia e inteligente que tú, te hará aprender y desarrollar tu inteligencia y tu espíritu y lograr ser así una persona más íntegra. Una crítica a las sociedades modernas en la que si no eres como los demás y no sigues sus reglas eres un paria.
Nota: 7

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