Narra la historia de un magnífico pianista, Novecento, que fue
encontrado cuando era un bebé en una cajita de cartón a bordo del trasatlántico Virginian.
Toda su vida ha transcurrido haciendo en este mismo barco la ruta entre
Europa y América y tocando el piano. Novecento se llama en realidad
Danny Boodmann TD Lemon Novecento. Lleva el nombre del hombre que lo
encontró, el pianista del barco, Danny Boodmann; las iniciales T.D. se
corresponden con las palabras Thanks Danny, que estaban escritas en la
nota que acompañaba al bebé, donde también aparecía la palabra Lemon.
Por fin, Danny Boodmann añade al nombre de la criatura el nombre del año
que inauguraba el siglo XX. Luego el viejo Danny Boodmann murió y Novecento se quedó solo en el
barco. Fue entonces cuando comenzó a tocar el piano como si los ángeles
hubiesen bajado a guiarle las manos. Y gracias a su capacidad para
extraer melodías maravillosas del piano se pudo quedar en el barco. El
barco era, en realidad, su tierra firme, puesto que había nacido en el
mar y era todo su mundo. El narrador, un trompetista que tocaba con Novecento nos cuenta con
especial viveza el verano de 1931, cuando subió al barco el gran
pianista de Jazz Jelly Roll Morton, el cual se creía el inventor del jazz. Al oír las historias que se contaban sobre Novecento, decidió retarlo a un duelo de pianistas.
Opinión personal: Se trata de un monólogo teatral, al que Baricco le saca bastante jugo pese a su breve lectura. Una obra musical, dulce y tierna. Novecento sirve para reflexionar sobre la necesidad de percibir, tocar, oír, saborear y ver las cosas para conocerlas realmente. El humor está muy presente.
Nota: 7

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